Los humanos no sólo usamos diferentes idiomas lingüísticos; también se dan muy distintos “idiomas culturales”, cuyas diferencias se acentúan en la medida en que se suceden las épocas históricas. Un “idioma cultural” es un filtro, un marco, a través del cual vemos la realidad. Porque nuestro acercamiento mental a lo real nunca es neutro ni inmediato, sino condicionado o mediado por aquel “idioma” que tenemos internalizado. Del mismo modo que nadie puede decir una sola palabra coherente al margen de un idioma lingüístico –incluso aunque no conozca nada de la gramática del mismo–, tampoco podemos tener un solo pensamiento al margen de un “idioma cultural”. A este último lo llamamos paradigma. De manera que todo acercamiento mental a la realidad y toda afirmación racional son deudores de un paradigma determinado. De ahí, la certeza del dicho: “No vemos las cosas como son; vemos las cosas como somos” (Anaïs Nin). Los paradigmas se suceden unos a otros en un proceso inevitable.